sábado, 29 de marzo de 2014

Mi Manifiesto a la Vida







Quiero ver el mundo. Quiero sentir la vida en todas sus formas y colores. Quiero llorar hasta quedarme sin lágrimas y reír hasta derramarlas.

Quiero sentir la libertad en cada una de mis células. Y tocar la belleza del mundo con mis propias manos.

Quiero viajar con un mapa y una guía en papel. Sin teléfono, sin GPS. Y que no me importe parecer turista. Quiero comunicarme con gente que no hable mi idioma y compartir sus formas de vida. Quiero encontrar la bondad de las personas.

Quiero gritar hasta quedarme afónica, bañarme en el agua helada y hacer cosas por las que me llamarían loca.

Quiero no depender de nadie. Y vivir sabiendo que el viaje es el camino, el aprendizaje. Maravillarme con cada paso. Y que la meta no importe.

Quiero llegar al horizonte donde alcanza mi mirada. Y más allá.

Quiero perderme y no querer volver. Quiero ver amaneceres en el fin del mundo y anocheceres que signifiquen principios y no finales…


domingo, 2 de marzo de 2014

Identidad



Fotografía: Patricia Félix Santolaria


Hay veces en la vida que nos levantamos una mañana, nos miramos al espejo y nos preguntamos quién es la persona que nos devuelve la mirada desde el otro lado. Nos preguntamos cómo hemos llegado a estar donde estamos o cómo nos hemos convertido en lo que somos. Algunas personas probablemente sabrán responder con rapidez, otras quizá ni siquiera se hagan este tipo de preguntas. Pero hay un tercer tipo de personas que, a la hora de querer responder, nos perdemos en las tinieblas del tiempo y el espacio.

De pronto, todas aquéllas cosas que te valían ya no te valen más. Ya no son un pilar fuerte sobre el que construir. Ya no quieres aquello que pensabas que querías. Porque tiene que haber algo más. La vida tiene que ser algo más que todo aquello que se espera de nosotros. Entonces todo se tambalea y buscas algo a lo que aferrarte para no caerte. Aunque quizás, la mejor opción, es dejarte caer, sumergirte en el cajón desordenado y empezar a rebuscar otra vez nuevas ideas sobre las que construir.

Es sólo entonces cuando nos damos cuenta de la volatilidad de la vida. De cómo todo puede darse la vuelta de repente. Y de cómo ni siquiera nos damos cuenta de que esto pasa hasta que nos encontramos dentro del cajón desordenado con un montón de ideas a nuestro alrededor que no sabemos cómo colocar.

 
Da miedo. Asusta terriblemente levantarte cada mañana sin saber quién eres o qué camino seguir. Asusta no saber por dónde empezar. Asusta sentirte solo y saber que nadie puede ayudarte. Asusta saber que tú eres el único capaz de encontrar el camino o la salida. Asusta darte cuenta de que quizás lo que quieres va en contra de todo aquello que se esperaba de ti. Y asusta no saber cómo enfrentarte a ello.

Pero el miedo no es malo. Solo augura un cambio. Es una señal de que se avecina algo desconocido, una nueva etapa. Puede ayudarnos a darnos cuenta de la importancia de ser independientes. De ser capaces de hacer las cosas solos. Y darnos cuenta de que no sólo podemos hacerlo solos, si no que podemos salir airosos. Y que aunque la vida sea un continuo perderse y encontrarse para volverse a perder, sabremos estar a gusto con nosotros mismos. Y sabremos darnos cuenta de que, el primer paso para poder compartir la vida con los demás, es saber compartirla con nosotros mismos.





martes, 21 de enero de 2014

Bajo sus ojos




Hace tiempo que veo ese placer escondido que se oculta bajo sus ojos y que promete con su mirada. Ésa que sabe interpretar lo que le pide la mía. Ésa que me hace echar de menos saber cuál es la decisión correcta y sentirme fuerte, independiente, segura de mí misma.

Sabía que él vería el brillo de pasión en mis ojos. Hondo, muy hondo, y tanto tiempo escondido. Pidiendo a gritos salir a flote. Pidiendo a gritos que le deje tocarme, que me deje llevar, que me deje sentir… Vibrar de placer bajo sus manos...






domingo, 20 de octubre de 2013

Ilusiones Rotas


¿Y quién se acuerda de sus 15 años? De cuando aún podíamos evitar la realidad y vivir en la inocencia de la niñez que estaba a punto de abandonarnos para siempre.

De cuando aún no éramos realmente conscientes del mundo hostil que nos esperaba ahí fuera. De cuando aún podíamos creer que el amor y la amistad salvarían el mundo. De cuando la fidelidad y la honestidad eran los valores clave, y aún teníamos un pequeño pepito grillo dentro de nuestra conciencia que nos hacía sentirnos mal si soltábamos una pequeña mentirijilla. Porque aún teníamos conciencia.

Nuestras mayores preocupaciones eran los deberes del día siguiente, que la profesora de turno no nos preguntara a nosotros y qué plan tendríamos el viernes. Te pasabas horas al teléfono con tus mejores amigas a las que acababas de ver apenas un par de horas antes en el colegio. Criticábamos a los populares y nos divertíamos poniendo motes a los profesores.

Nos enfadábamos si nos traicionaba un amigo. Pero conocíamos el valor el perdón, y no podíamos permanecer mucho tiempo enfadados.  Odiábamos inocentemente a todo aquel del que estábamos celoso. Nos peleábamos con nuestros padres para que nos dejaran acostarnos más tarde y quedarnos viendo la serie de moda que se comentaría al día siguiente en clase.

Crecimos con los valores de las películas Disney, que enseñaban lecciones de moral y te demostraban que la amistad, el amor y la familia eran más importantes en la vida que un buen puesto de trabajo o el dinero.

Esperábamos a nuestro príncipe azul.  Y creíamos firmemente que aparecería en un caballo blanco para llevarnos a su reino y convertirnos en su princesa. Lucharía por nosotras hasta el final. Se daría cuenta de sus errores y tendría algún gesto terriblemente romántico que le permitiría recuperarnos.  El chico que nunca te miraba se daría cuenta de que estabas ahí y de que tú eras su alma gemela. Y se opondría a todo el mundo por conseguirte.

Pero poco a poco crecemos. Empezamos a contar a los amigos con la palma de una mano. Empezamos a luchar por conseguir un buen puesto de trabajo y mucho dinero dejando por el camino a los amigos, a la amista e incluso al amor. Por el miedo a arrepentirnos.

Y, finalmente, nos damos cuenta de que nuestro príncipe azul  no vendrá a por nosotras, no aparecerá en un caballo blanco y no nos convertirá en su princesa. Nosotras tendremos que buscarlo y no será ningún príncipe. El chico de al lado nunca se volverá a mirarte. Pasará el tiempo sin que se de cuenta de que estás ahí. Y no se opondrá a todo el mundo para conseguirte.


Porque crecemos de ilusiones y vivimos para romperlas.


martes, 16 de abril de 2013

Querida International Family





Hace tiempo que vengo recordando, y quizás, echando de menos, todas aquellas noches sobre las que siempre hay algo que contar. Todas aquellas noches que apenas se recuerdan al día siguiente pero que son siempre tema de conversación en la mesa del desayuno.

Sí, esas. Todas esas noches. Esas en las que dices “Hoy no salgo” pero te convencen (o te dejas convencer) para salir. Las de “Hoy vuelvo pronto” pero apareces con los zapatos en la mano a las 6 de la mañana. Esas en las que te habías propuesto madrugar para ir a la Biblio pero pierdes todo el día recuperándote de la juerga porque… aún queda el Domingo.

Esas noches que crees que serán las más sencillas o aburridas. Esas que sabes dónde empiezas pero no dónde terminas. Esas que acaban siendo las mejores. Todas esas aquéllas noches en las que siempre sabías a dónde ir si querías encontrarte con todo el mundo.

Las noches de salir los martes, las de Tower Hour los jueves, las de Happy Hour los viernes. Las de beber cerveza verde el día de St. Patrick y disfrazarse de Súper Ñ por Halloween. Las de acabar bailando encima de la mesa, las de “yo nunca” y las de reírse por todo.  Las de conseguir los hielos en Hasbrouck para las copas y comprar la garrafa de tres litros de vino para el calimocho. Las de hacer pre-game en la suite de Marcello y Miguel, que llame la policía a la puerta y correr a escondernos en los armarios. Las de cantar “física o química” y caminar de noche por el lago helado. Las de los rincones oscuros en Cabaloosa y P&G’s. Las noches con las listas de reproducción llenas de temazos.

Por todas aquéllas noches.
Por todos vosotros.
Por nuestra international family.