jueves, 27 de septiembre de 2012

Transición



A veces no podemos evitar sentirnos solos, perdidos, confusos y desconcertados. Con lo que nos rodea, con nosotros mismos. Hoy, después de hace ya no sé ni cuántos meses que no escribo, vuelvo a recuperar esa parte de mí misma. Madrid llora con la primera tormenta del otoño y yo con ella. Se avecinan cambios. Das vueltas en la cama sin poder dormir y te preguntas cuál es el sentido de las cosas. Cada nueva pregunta, en vez de una respuesta trae consigo más preguntas. Buscas un camino que seguir, una mano que te guíe, una luz que te ilumine, alguien a quien pedir ayuda. Pero no encuentras nada, sólo el vacío. Y frente a él tu mismo. Sin saber qué hacer o a quién recurrir. Intentando encontrar dentro de ti mismo una respuesta que no existe, una explicación a un sentimiento que desconoces y unas lágrimas que ni siquiera sabes por qué se derraman.

Y sin saber qué camino tomar. ¿Autorrealización? Y eso, ¿qué es? ¿Quién dice que vas a sentirte más realizado contigo mismo encontrando el éxito profesional que formando una familia? ¿Qué es la realización personal? ¿Felicidad? ¿Quién dice que podrás ser más feliz con un buen sueldo que al lado de la persona a la que amas? ¿Quién tiene poder para decidir sobre los sentimientos de los demás?

Nadie dijo que la transición entre el mundo académico y el mundo laboral fuera fácil. Pero no pensé que me perdería tanto en el camino. Y que sería mucho más que una simple transición en ese campo. Con sentimientos opuestos, encontrados y que se castigan unos a otros. Sin siquiera poder identificarlos. Esperas tener un futuro, pero ¿y si no lo encuentras? O peor, ¿y si lo encuentras pero no te corresponde?

Tan perdidos en medio de la nada. Y, al final, te das cuenta, de que sólo tu eres la clave y la respuesta. Que el futuro es incierto e impredecible. Que la ayuda que necesitas está dentro de ti mismo. Y que no tienes que encontrar el camino, sino crearlo. 


jueves, 19 de enero de 2012

Berlín




Alguien me dijo una vez que el ayer no existe, que el ayer es hoy. Lo que somos hoy no es más que el resultado de todo aquello que hemos vivido, que hemos sido. Pero todo eso, ya no existe. Solo permanece su reflejo en el presente.

Ahora, tras haber visitado la que posiblemente sea la ciudad más nueva de Europa, creo que comienzo a darle significado a esa frase. 

Berlín. Una ciudad arrasada durante la Segunda Guerra Mundial y que tras ella, fue dividida, vuelve a erigirse para devolverle a Alemania la gloria del que un día fue el Sacro Imperio Romano Germánico. Una ciudad que te recuerda lo cruel, egoísta y destructivo que puede llegar a ser el ser humano.

Y yo, caminando amarrada a tu cintura, recorro cada calle de esa ciudad que me hace pensar que también yo soy el resultado de todo lo que he vivido. Que también yo me he reconstruido a mí misma. Y la ciudad no es más que el reflejo de mi alma. Un alma en el que una sonrisa, una caricia o un abrazo son suficiente ánimo para seguir construyendo. Porque permanecerán en mi memoria, en mi corazón, en mi ser. Las salchichas, los noodles y las crepes de nocilla. Los paseos al lado del río, las largas caminatas de tu mano y las apuestas. Sus muros, sus calles adoquinadas, sus esquinas llenas de historia escondida. Mi confianza ciega en que, aunque perdidos, siempre sabes a donde vamos. La alegría de que quieres llevarme contigo. Y la ilusión de que sigamos construyendo juntos. 

La ciudad, al igual que yo, restaura su alma, manteniendo sus errores escondidos pero presentes con la intención de no volver a repetirlos, de aprender de ellos. Para reedificar su presente.

Berlín. Una ciudad que se ha reconstruido a sí misma. Una ciudad que, cual ave fénix, ha resurgido de sus cenizas mas fuerte que antes. Una ciudad cuyo ayer se ha borrado de la memoria de la historia. Pero que al mismo tiempo quiere permanecer en el recuerdo para que el ser humano no olvide el daño que hacen el odio, el rencor, la envidia y la injusticia. Una ciudad cuyo ayer es el propio presente que está reconstruyendo para sí misma. Porque el ayer ya no existe. El ayer, es hoy.